Tomek. El río al revés, de Jean-Claude Mourlevat, es un buen relato, en la tradición de los viajes a lo Alicia, con compañías y por países singulares, y en la tradición de las novelas de aprendizaje.
En otros tiempos, según anuncia el narrador, un huérfano de trece años, llamado Tomek, vivía en un pacífico pueblo donde llevaba un Almacén de todo tipo de cosas. Un día llegó a él una niña extraña, de doce años, que más tarde sabrá que se llama Hannah, que le pide agua del río Qjar, un agua que evita la muerte. Tomek no la tiene y, más tarde, el viejo Icham le explica que el río Qjar corre del revés y nadie sabe dónde está. Las ansias de Tomek de volver a estar con Hannah son muy grandes y, sin decir nada a nadie ni despedirse, sale de viaje: atravesará el Bosque del Olvido, vivirá un tiempo en la aldea de los perfumistas, encontrará la Isla Inexistente, ascenderá a la Montaña Sagrada…
Los protagonistas son simpáticos y atraen. La narración es amable, tiene momentos chispeantes y escenarios conseguidos. Se intercalan las historias de otros personajes, algunos verdaderamente notables. El autor hace una referencia a una obra de la condesa de Ségur, cuando aparece un personaje llamado Marie con un burro de nombre Cadichón. Sorprende que sean varios los personajes que no son leales a los compromisos que tienen aunque luego lo sean hasta el final. No es que esto no sea posible, que obviamente lo es, sino que aquí sucede con frecuencia y como sin propósito de enmienda: Tomek se va sin despedirse y dejando todo colgado; Marie abandona a su marido estando recién casada para irse con otro; el padre de Hannah arruina a su familia y deja a su mujer y a sus hijos por compasión hacia un... gorrión. Y hay otro, Bastibal, que actúa igual pero, en este caso, al menos manifiesta que siente arrepentimiento por su comportamiento previo.
Jean-Claude Mourlevat. Tomek. El río al revés (Le Rivière à l´envers, tome 1: Tomek, 2012). Madrid: Demipage, 2012; 268 pp.; ilust. de Clara Luna; trad. de Sofía Rhei; ISBN: 978-84-92719-37-2.
miércoles, 9 de octubre de 2013
lunes, 7 de octubre de 2013
Duda permanente
La reina de las ranas: no puede mojarse los pies, de Marco Somà y Davide Cali, es un relato de tipo «educativo» pensado para que los lectores se planteen la legitimidad de origen de sus gobernantes y la forma en que, tantas veces, adquieren privilegios abusivos. Cuando unas ranas están tocando y cantando juntas (tienen una orquesta de jazz), algo cae en el estanque. Luego, una rana emerge con una corona en la cabeza y alguien exclama: «¡Mirad, es la reina de las ranas!». A partir de ahí, recibe homenajes de reina y se forma una corte a su alrededor. Hasta que…
El argumento es un poco simple al plantear cómo alguien puede llegar a ser rey, pero tiene su punto de realismo y es eficaz cuando pinta ciertas actitudes y comportamientos. Las ilustraciones son excelentes, no sólo porque su secuencia sea buena, tengan calidad y acompañen bien el texto, sino porque resultan amables y simpáticas al presentar a los personajes, y lo hacen sin caer en la trampa de hacer odiosos a unos y agradables a otros. En definiva, buen álbum aunque, al menos yo, siempre dudo de hasta qué punto y en qué forma se han de presentar cosas como estas a los niños.
Marco Somà. La reina de las ranas: no puede mojarse los pies (A rainha das räs não pode molhar os pés, 2012). Texto de Davide Cali. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2013; 36 pp.; ISBN: 978-84-941041-0-7.
El argumento es un poco simple al plantear cómo alguien puede llegar a ser rey, pero tiene su punto de realismo y es eficaz cuando pinta ciertas actitudes y comportamientos. Las ilustraciones son excelentes, no sólo porque su secuencia sea buena, tengan calidad y acompañen bien el texto, sino porque resultan amables y simpáticas al presentar a los personajes, y lo hacen sin caer en la trampa de hacer odiosos a unos y agradables a otros. En definiva, buen álbum aunque, al menos yo, siempre dudo de hasta qué punto y en qué forma se han de presentar cosas como estas a los niños.
Marco Somà. La reina de las ranas: no puede mojarse los pies (A rainha das räs não pode molhar os pés, 2012). Texto de Davide Cali. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2013; 36 pp.; ISBN: 978-84-941041-0-7.
Agujeros en la trama
La versión de El soldado de plomo, del taiwanés Page Tsou, cuenta el relato ya conocido con una puesta en escena diferente a las de otros álbumes, como la clásica de Fred Marcellino o la irónica de Jörg Müller.
Las ilustraciones se basan en unos dibujos excelentes, con collages, y tienen gran capacidad de sugerencia. No siempre, o no rígidamente, se suelen presentar como desde arriba las escenas con personajes adultos manejando los juguetes, o las de la vida cotidiana, y se suelen ver al nivel de los personajes aquellas en las que la mirada se posa en los juguetes. Con frecuencia, tres cuartos de la doble página están ocupados por la ilustración y el texto va en una franja blanca vertical, a la derecha o a la izquierda. La calidad de las imágenes, que vale la pena conocer, no se corresponde con la coherencia de la historia: hay agujeros en la trama o sugerencias visuales cuya interpretación no es fácil. El desenlace es más propio de nuestro tiempo que de la época original.
Page Tsou. El soldado de plomo (2012). Basado en el cuento de H. C. Andersen. Madrid: SM, 2012; 30 pp.; texto adaptado por Julia San Miguel; ISBN: 978-84-675-5565-3.
Las ilustraciones se basan en unos dibujos excelentes, con collages, y tienen gran capacidad de sugerencia. No siempre, o no rígidamente, se suelen presentar como desde arriba las escenas con personajes adultos manejando los juguetes, o las de la vida cotidiana, y se suelen ver al nivel de los personajes aquellas en las que la mirada se posa en los juguetes. Con frecuencia, tres cuartos de la doble página están ocupados por la ilustración y el texto va en una franja blanca vertical, a la derecha o a la izquierda. La calidad de las imágenes, que vale la pena conocer, no se corresponde con la coherencia de la historia: hay agujeros en la trama o sugerencias visuales cuya interpretación no es fácil. El desenlace es más propio de nuestro tiempo que de la época original.
Page Tsou. El soldado de plomo (2012). Basado en el cuento de H. C. Andersen. Madrid: SM, 2012; 30 pp.; texto adaptado por Julia San Miguel; ISBN: 978-84-675-5565-3.
domingo, 6 de octubre de 2013
El corcho y el anzuelo
Dos ideas de Ernst Jünger de crítica literaria:
—«Una crítica está bien fundada si empieza por las artes del oficio. Por eso no es pedantería que haya primero una valoración del estilo, y después de la gramática. Si está desafinada una sola cuerda, se transmite necesariamente a la melodía. La sintaxis afecta a la vinculación, tanto de las palabras como de los sonidos; la infracción comporta allí una falta de lógica, aquí una falta de armonía. Eso continúa hasta en las ideas».
—«El aplauso no deja percibir la relevancia filosófica de las obras populares. Eso es aplicable tanto a Wilhelm Busch como a Kubin, también podría valer para Nestroy. Como en la pesca, se ve bailar el corcho, pero no el anzuelo que está debajo».
Ernst Jünger. 1 de julio de 1981 y 9 de diciembre de 1982, en Pasados los setenta III: radiaciones V. Diarios (1981-1985) (Siebzig Verweht III. Tagebücher VII. Strahlungen V, 1993). Barcelona: Tusquets, 2007; 521 pp.; trad. del alemán de Carmen Gauger; ISBN: 978-84-8383-004-8.
—«Una crítica está bien fundada si empieza por las artes del oficio. Por eso no es pedantería que haya primero una valoración del estilo, y después de la gramática. Si está desafinada una sola cuerda, se transmite necesariamente a la melodía. La sintaxis afecta a la vinculación, tanto de las palabras como de los sonidos; la infracción comporta allí una falta de lógica, aquí una falta de armonía. Eso continúa hasta en las ideas».
—«El aplauso no deja percibir la relevancia filosófica de las obras populares. Eso es aplicable tanto a Wilhelm Busch como a Kubin, también podría valer para Nestroy. Como en la pesca, se ve bailar el corcho, pero no el anzuelo que está debajo».
Ernst Jünger. 1 de julio de 1981 y 9 de diciembre de 1982, en Pasados los setenta III: radiaciones V. Diarios (1981-1985) (Siebzig Verweht III. Tagebücher VII. Strahlungen V, 1993). Barcelona: Tusquets, 2007; 521 pp.; trad. del alemán de Carmen Gauger; ISBN: 978-84-8383-004-8.
sábado, 5 de octubre de 2013
La dignidad de la derrota
Borges: Homero contaba «la historia de un hombre, un héroe, que ataca una ciudad que sabe que no conquistará nunca, un hombre que sabe que morirá antes de que la ciudad caiga; y la historia aun más conmovedora de los hombres que defienden una ciudad cuyo destino ya conocen, una ciudad que ya está en llamas. Yo creo que éste es el verdadero tema de la Ilíada. Y, de hecho, los hombres siempre han pensado que los troyanos eran los verdaderos héroes. Pensamos en Virgilio, pero también podríamos pensar en Snorri Sturluson, que, en su más joven edad, escribió que Odín —el Odín de los sajones, el dios— era hijo de Príamo y hermano de Héctor. Los hombres siempre han buscado la afinidad con los troyanos derrotados, y no con los griegos victoriosos. Quizá sea porque hay una dignidad en la derrota que a duras penas le corresponde a la victoria».
Jorge Luis Borges. «El arte de contar historias», en Arte poética. Seis conferencias (This Craft or verse, conferencias pronunciadas en 1967). Barcelona: Crítica, 2005; 181 pp.; col. Biblioteca de bolsillo; trad. de Justo Navarro; prólogo de Pere Gimferrer; edición, notas y epílogo de Calin-Andrei Mihailescu; ISBN: 84-8432-603-9.
Jorge Luis Borges. «El arte de contar historias», en Arte poética. Seis conferencias (This Craft or verse, conferencias pronunciadas en 1967). Barcelona: Crítica, 2005; 181 pp.; col. Biblioteca de bolsillo; trad. de Justo Navarro; prólogo de Pere Gimferrer; edición, notas y epílogo de Calin-Andrei Mihailescu; ISBN: 84-8432-603-9.
viernes, 4 de octubre de 2013
La llave del mundo adulto
Esta reseña informa más que bien de Intemperie, de Jesús Carrasco, una novela realmente poderosa. Yo no recuerdo ninguna novela española de los últimos años que me haya interesado tanto (esto no quiere decir mucho, sin embargo, pues leo más bien pocas). Su argumento es que un niño huye de su casa, perseguido por el alguacil del pueblo, y acaba con un anciano pastor de cabras, hosco pero que le da de comer y, al fin, le protege. Dos únicas prolepsis, una tranquilizadora y otra inquietante, dan alguna pista sobre lo que va a ocurrir. Su referencia más clara es, me parece, la obra de Cormac McCarthy: sin duda La carretera, por lo que tiene de viaje de un adulto y un niño por un mundo desolado, pero también sus primeras novelas violentas y desasosegantes como Hijo de Dios.
Uno de los aspectos que a mí me atrajo es lo que tiene de novela de aprendizaje, un aprendizaje singular ciertamente, que se sintetiza en una escena extraordinaria en la que el chico —después de haber huido de un extraño tullido que intentaba entregarle al alguacil, y de haberlo dejado malherido— vuelve junto al cabrero y este no se comporta con él como esperaba: «Entendió que el viejo no sería quien le entregara la llave al mundo de los adultos, ese en el que la brutalidad se empleaba sin más razón que la codicia o la lujuria. Él había ejercido la violencia tal y como había visto hacer siempre a quienes le rodeaban y ahora, como ellos, reclamaba su parte de impunidad. La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de la muerte y allí, en medio de un campo de terror, él había levantado la espada en vez de poner el cuello. Sentía que había bebido la sangre que convierte a los niños en guerreros, y, a los hombres, en seres invulnerables. Creía que el viejo le haría pasar, coronado de laurel por un esclavo, bajo el arco de la victoria». Pero no es así.
Jesús Carrasco. Intemperie (2013). Barcelona: Seix Barral, 2013; 224 pp.; col. Biblioteca Breve; ISBN: 978-84-322-1472-1.
Uno de los aspectos que a mí me atrajo es lo que tiene de novela de aprendizaje, un aprendizaje singular ciertamente, que se sintetiza en una escena extraordinaria en la que el chico —después de haber huido de un extraño tullido que intentaba entregarle al alguacil, y de haberlo dejado malherido— vuelve junto al cabrero y este no se comporta con él como esperaba: «Entendió que el viejo no sería quien le entregara la llave al mundo de los adultos, ese en el que la brutalidad se empleaba sin más razón que la codicia o la lujuria. Él había ejercido la violencia tal y como había visto hacer siempre a quienes le rodeaban y ahora, como ellos, reclamaba su parte de impunidad. La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de la muerte y allí, en medio de un campo de terror, él había levantado la espada en vez de poner el cuello. Sentía que había bebido la sangre que convierte a los niños en guerreros, y, a los hombres, en seres invulnerables. Creía que el viejo le haría pasar, coronado de laurel por un esclavo, bajo el arco de la victoria». Pero no es así.
Jesús Carrasco. Intemperie (2013). Barcelona: Seix Barral, 2013; 224 pp.; col. Biblioteca Breve; ISBN: 978-84-322-1472-1.
jueves, 3 de octubre de 2013
Cerebro y moral
Como apunté días atrás, cuando un personaje tiene una voz narrativa muy especial que causa fascinación, en una segunda entrega de sus aventuras ya no hay efecto sorpresa e incluso puede decepcionar. Lo primero pero no tanto lo segundo, al menos como en el ejemplo mencionado, se puede aplicar a La muerte no es un juego de niños, de Alan Bradley, y a su heroina y narradora Flavia de Luce. Para quienes no la conozcan hay que decir que es una chica de once años con pasión por la química, unos conocimientos descomunales sobre esa materia, con «un particular énfasis en la química de la putrefacción» según ella misma dice. Por supuesto, es buena chica pero su mente no es sencilla: «el cerebro y la moral no van unidos. A mí, por ejemplo, a veces me consideran muy lista y, sin embargo, la mayor parte de las veces, mi cerebro está diseñando nuevas e interesantes formas de causar una muerte repentina, nauseabunda, dolorosa y agónica a mis enemigos».
En esta nueva historia el caso que acaba resolviendo es el de un marionetista muy famoso que representa en su pueblo Juan y las habichuelas mágicas pero, en plena función, muere. Se repiten personajes y ambientes de la primera novela y aparecen otros nuevos; se siguen ampliando interrogantes, como qué fue de la madre de Flavia, y se inician otros, como el temor a que su familia tenga que abandonar su actual casa; siguen siendo muy numerosas las referencias literarias que contiene la trama. El caso del asesinato no es muy allá: es complicado pero su resolución llega como consecuencia de muchos factores del pasado que van surgiendo cuando hacen falta. El autor actúa también como un buen marionetista.
Sea como sea, el entusiasta de Flavia disfrutará igual con sus asombrosas parrafadas y deducciones. Puede dar una idea esta, de cuando se mancha la ropa de alquitrán y entonces, dice, piensa en Michael Faraday, que «había sintetizado tetracloroetileno en los años veinte, calentando hexaclorotileno y extrayendo el cloro mientras se descomponía. La sustancia resultante quitaría el alquitrán de la tela en un instante. Desafortunadamente, aunque me hubiera gustado mucho hacerlo, no tenía tiempo para repetir el descubrimiento de Faraday. En su lugar, tendría que fiarme de la mayonesa, tal y como recomendaba el Vademécum del mayordomo y el lacayo con el que me había tropezado un día lluvioso en el que fisgaba en la despensa de Buckshaw».
Alan Bradley. La muerte no es un juego de niños (The Weed that Strings the Hangman’s Bag, 2010). Barcelona: Planeta, 2012; 381 pp.; col. Planeta Internacional; trad. de Elisabete Fernández Arrieta; ISBN: 978-84-08-11170-2.
En esta nueva historia el caso que acaba resolviendo es el de un marionetista muy famoso que representa en su pueblo Juan y las habichuelas mágicas pero, en plena función, muere. Se repiten personajes y ambientes de la primera novela y aparecen otros nuevos; se siguen ampliando interrogantes, como qué fue de la madre de Flavia, y se inician otros, como el temor a que su familia tenga que abandonar su actual casa; siguen siendo muy numerosas las referencias literarias que contiene la trama. El caso del asesinato no es muy allá: es complicado pero su resolución llega como consecuencia de muchos factores del pasado que van surgiendo cuando hacen falta. El autor actúa también como un buen marionetista.
Sea como sea, el entusiasta de Flavia disfrutará igual con sus asombrosas parrafadas y deducciones. Puede dar una idea esta, de cuando se mancha la ropa de alquitrán y entonces, dice, piensa en Michael Faraday, que «había sintetizado tetracloroetileno en los años veinte, calentando hexaclorotileno y extrayendo el cloro mientras se descomponía. La sustancia resultante quitaría el alquitrán de la tela en un instante. Desafortunadamente, aunque me hubiera gustado mucho hacerlo, no tenía tiempo para repetir el descubrimiento de Faraday. En su lugar, tendría que fiarme de la mayonesa, tal y como recomendaba el Vademécum del mayordomo y el lacayo con el que me había tropezado un día lluvioso en el que fisgaba en la despensa de Buckshaw».
Alan Bradley. La muerte no es un juego de niños (The Weed that Strings the Hangman’s Bag, 2010). Barcelona: Planeta, 2012; 381 pp.; col. Planeta Internacional; trad. de Elisabete Fernández Arrieta; ISBN: 978-84-08-11170-2.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Leyendas antiguas
Leyendas del Rin, de Víctor Hugo, contiene tres leyendas antiguas recontadas por el autor. El argumento de El diablo y el monje es que los habitantes de Aquisgrán no pueden terminar una iglesia y aceptan el dinero que les ofrece un desconocido, el diablo, a cambio del primer alma que atraviese la puerta de la iglesia cuando esté terminada. En El pueblo de los barberos se cuenta que el diablo, enfadado con Federico Barbarroja por las cruzadas, organiza las cosas para que, cuando pase por Bacharach, le corten la barba. Bligger el Terrible narra que en uno de los cuatro castillos que había en Neckarsteinach, cerca de Heildelberg, vivía un caballero bandido temible al que, debido a la sentencia de excomunión, abandonaron todos sus soldados. La edición es vistosa y puede ayudar a dar a conocer a su autor a más lectores. Los relatos, aunque no sean piezas magistrales, se leen con gusto. Las ilustraciones, todas con mucho mucho colorido y algunas como de diseño de tejidos, ocupan muchas dobles páginas y acompañan bien el texto.
Víctor Hugo. Leyendas del Rin (1842). Madrid: Gádir, 2013; 66 pp.; trad. de Elisabeth Falomir Archambault; ilust. de Karishma Nankani Chugani; ISBN: 978-84-96974-56-2.
Víctor Hugo. Leyendas del Rin (1842). Madrid: Gádir, 2013; 66 pp.; trad. de Elisabeth Falomir Archambault; ilust. de Karishma Nankani Chugani; ISBN: 978-84-96974-56-2.
lunes, 30 de septiembre de 2013
Un zorrito adoptado
Un relato bonito, ya de hace años pero publicado ahora, sobre adopción: El zorrito perdido. La historia del pequeño zorro que encontró una madre, de Irina Korschunow. Argumento lineal, narración sencilla, excelentes ilustraciones realistas y un tono nada sentimental.
bienvenidosalafiesta 1309
Nueva revista en Flipboard, pensada sobre todo para tabletas y teléfonos, con todas las notas de septiembre: bienvenidosalafiesta 1309. En este mes también añadí alguna entradas a hablandodelij.
Astutos ojos ovalados
El Buen Lobito, de Nadia Shireen, es el primer álbum de su autora y es un gran debut. Es un relato de advertencia, como tantos cuentos populares, y con un humor semejante al de Emily Gravett y otros autores más bien sarcásticos.
En la primera doble página vemos a unos oyentes (tres cerditos rosa, una niña-caperucita de rojo, otra niña y un lobito gris) que atienden a alguien, a quien no vemos, mientras les cuenta un relato. Ese relato trata de una Abuelita y su amigo el Buen Lobito, muy parecido al oyente del principio. Al Buen Lobito le encantaba ser bueno pero Abuelita le advertía, sin embargo, que también había lobos malos y, en efecto, un día encuentra uno: un negrísimo Lobo Malo. Este le dice que los lobos son malos y le desafía a que se comporte como un lobo, cosa que el Buen Lobito intenta, pero no le sale..., hasta que ve a la Abuelita en peligro.
El relato es excelente y está muy bien contado pero habrá quien sufra con el desenlace. La cubierta, de las que sintetiza bien la historia, es un acierto. Los personajes atraen al lector pues son amables y graciosos. Una forma de transmitir gráficamente la bondad es que los ojos de la Abuelita y del Lobito Bueno, son circulares y tienen, sobre fondo blanco, una pupila pequeña; de hecho, cuando el Lobito Bueno se irrita mucho, la forma de sus ojos deja de ser circular. En cambio, el Lobo Malo tiene, aparte de la piel negra y un pelaje áspero que contrasta con el pelaje lanudo y abrazable del Lobito Bueno, unos ojos ovalados con fondo amarillo que respiran astucia.
Nadia Shireen. El buen lobito (Good Little Wolf, 2011). Madrid: Bruño, 2012; 32 pp.; trad. de Cristina González; ISBN: 978-84-216-8965-3.
En la primera doble página vemos a unos oyentes (tres cerditos rosa, una niña-caperucita de rojo, otra niña y un lobito gris) que atienden a alguien, a quien no vemos, mientras les cuenta un relato. Ese relato trata de una Abuelita y su amigo el Buen Lobito, muy parecido al oyente del principio. Al Buen Lobito le encantaba ser bueno pero Abuelita le advertía, sin embargo, que también había lobos malos y, en efecto, un día encuentra uno: un negrísimo Lobo Malo. Este le dice que los lobos son malos y le desafía a que se comporte como un lobo, cosa que el Buen Lobito intenta, pero no le sale..., hasta que ve a la Abuelita en peligro.
El relato es excelente y está muy bien contado pero habrá quien sufra con el desenlace. La cubierta, de las que sintetiza bien la historia, es un acierto. Los personajes atraen al lector pues son amables y graciosos. Una forma de transmitir gráficamente la bondad es que los ojos de la Abuelita y del Lobito Bueno, son circulares y tienen, sobre fondo blanco, una pupila pequeña; de hecho, cuando el Lobito Bueno se irrita mucho, la forma de sus ojos deja de ser circular. En cambio, el Lobo Malo tiene, aparte de la piel negra y un pelaje áspero que contrasta con el pelaje lanudo y abrazable del Lobito Bueno, unos ojos ovalados con fondo amarillo que respiran astucia.
Nadia Shireen. El buen lobito (Good Little Wolf, 2011). Madrid: Bruño, 2012; 32 pp.; trad. de Cristina González; ISBN: 978-84-216-8965-3.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Atención a lo concreto (2)
En la capacidad de prestar atención a lo concreto coinciden la mirada del niño con la del artista, que es, precisamente, quien ve y siente así la realidad pero, además, sabe luego expresarla con precisión. En relación a esto menciona Josef Pieper unos textos del poeta inglés G. M. Hopkins en sus diarios para señalar que poseía el don de mirar con atención y pasión la «disposición» de las cosas de forma que, por ejemplo, describe «la llama» como «más clara y tersa que el cristal, la seda o el agua». Apunta que, quien sabe mirar así, no elimina «la realidad de lo visible con una precipitada “simbolización”» y que «la mirada de la contemplación terrenal respeta lo visible de las cosas de este mundo e intenta retenerlo». Hay, en ese modo de actuar, un gran respeto a lo concreto que, continúa Pieper, tiene su origen en que «cada cosa guarda y oculta en su raíz un signo de origen divino. Quien se percata de ello ve que ésta y todas las cosas son buenas por encima de todo lo concebible. Lo ve y es feliz». Por otra parte, no está de más añadir cómo esa capacidad de observar las cosas no es ni mucho menos la propia de quien tiene mucha cultura literaria o artística, que a veces sólo sabe hablar de las cosas con palabras de otros, y cómo con frecuencia la encontramos en las personas más sencillas que saben mirar y asombrarse.
Josef Pieper, «Contemplación terrenal», La fe ante el reto de la cultura contemporánea (Über die Schwierigkeit heure zu glauben, 1974), Madrid: Rialp, 2000; 281 pp.; trad. de Juan José Gil Cremades; ISBN: 84-321-3294-2.
Josef Pieper, «Contemplación terrenal», La fe ante el reto de la cultura contemporánea (Über die Schwierigkeit heure zu glauben, 1974), Madrid: Rialp, 2000; 281 pp.; trad. de Juan José Gil Cremades; ISBN: 84-321-3294-2.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Una biografía de referencia
G. K. Chesterton: A Biography, de Ian Ker, autor de un extenso libro sobre Newman, es la más extensa y documentada de todas las biografías que se han publicado hasta la fecha. El autor recoge, y hasta donde puede completa, la información contenida en biografías previas y en las memorias de quienes le conocieron. Corrige textos ya publicados al compararlos con los originales, usa periódicos y comentarios contemporáneos a los hechos, y emplea fuentes no manejadas antes, como diarios de la mujer de Chesterton y notas de Dorothy Collins. El resultado es un libro muy largo pues abundan los documentos a pesar de que Chesterton había destruido muchos papeles y su mujer, al morir él, hizo que se destruyeran más.
Como es lógico, Ker sigue los pasos de biografías anteriores. En especial, las de Maisie Ward. Algo que ella no había hecho era poner el acento en las conexiones de Chesterton con Newman, cosa que Ker hace aunque no tanto como, al menos yo, esperaba. En cualquier caso, en primer lugar subraya que ambos fueron conversos, polemistas con un dominio de la ironía fuera de lo común, y escritores de ficción y de no-ficción. Luego, que Chesterton tenía un conocimiento completo de Newman y sus obras. También recuerda el comentario que había hecho el padre de Maisie Ward, Wilfrid Ward, en la reseña que había publicado en su momento sobre Ortodoxia: si Newman había escrito una Gramática del Asentimiento la obra de Chesterton era una Gramática de la Gratitud.
Igual que hicieron antes otros, Ker se detiene a explicar las razones de las acusaciones de antisemitismo contra Chesterton y a poner en su sitio los falsos testimonios de las memorias de su cuñada. Dice al principio Ker que desea insistir en la enorme categoría de Chesterton como crítico literario, algo evidente para muchos pero insuficientemente reconocido en ámbitos académicos o, en general, por quienes se incomodan debido a su estilo singular: Chesterton citaba siempre de memoria y, cuando se confundía, decía que así debía ser pues la literatura de verdad forma parte de uno mismo; además, no corregía imprecisiones o errores de otro tipo pues le parecía pedante. De todos modos me parece que no están bien aclarados sus verdaderos méritos literarios: la biografía de Joseph Pearce, junto con las referencias que también da Pearce en su obra Escritores Conversos, ponen más de manifiesto el peso humano y literario que tuvo en muchos de sus contemporáneos y en otros que siguieron sus huellas.
Hay un exceso de detalles en la narración de los viajes que hizo Cherterton: saber qué hicieron él y sus acompañantes día por día no siempre resulta relevante. Otro factor que hace algo pesado el libro, al menos para muchos lectores, son los extensos comentarios a los libros que iba publicando Chesterton: tal vez hubiera sido mejor separarlos de los hechos biográficos. Este rasgo, aparte de que da lugar a repeticiones innecesarias, hace ardua y fatigosa la lectura: como decía un crítico inglés, es un gran fallo hacer que Chesterton resulte aburrido. Uno de los aspectos que el libro no toca —pues termina con la muerte del biografiado—, y que sería interesante conocer, es el de las causas del oscurecimiento tan grande que sufrió Chesterton en la opinión pública inglesa. En cualquier caso, el trabajo de Ker es extraordinario y quedan claras las cualidades humanas, intelectuales y artísticas de Chesterton.
Ian Ker. G. K. Chesterton: A Biography (2011), Oxford University Press, edición para kindle, ISBN: 0199601283; ASIN: B0064A4XNK.
Como es lógico, Ker sigue los pasos de biografías anteriores. En especial, las de Maisie Ward. Algo que ella no había hecho era poner el acento en las conexiones de Chesterton con Newman, cosa que Ker hace aunque no tanto como, al menos yo, esperaba. En cualquier caso, en primer lugar subraya que ambos fueron conversos, polemistas con un dominio de la ironía fuera de lo común, y escritores de ficción y de no-ficción. Luego, que Chesterton tenía un conocimiento completo de Newman y sus obras. También recuerda el comentario que había hecho el padre de Maisie Ward, Wilfrid Ward, en la reseña que había publicado en su momento sobre Ortodoxia: si Newman había escrito una Gramática del Asentimiento la obra de Chesterton era una Gramática de la Gratitud.
Igual que hicieron antes otros, Ker se detiene a explicar las razones de las acusaciones de antisemitismo contra Chesterton y a poner en su sitio los falsos testimonios de las memorias de su cuñada. Dice al principio Ker que desea insistir en la enorme categoría de Chesterton como crítico literario, algo evidente para muchos pero insuficientemente reconocido en ámbitos académicos o, en general, por quienes se incomodan debido a su estilo singular: Chesterton citaba siempre de memoria y, cuando se confundía, decía que así debía ser pues la literatura de verdad forma parte de uno mismo; además, no corregía imprecisiones o errores de otro tipo pues le parecía pedante. De todos modos me parece que no están bien aclarados sus verdaderos méritos literarios: la biografía de Joseph Pearce, junto con las referencias que también da Pearce en su obra Escritores Conversos, ponen más de manifiesto el peso humano y literario que tuvo en muchos de sus contemporáneos y en otros que siguieron sus huellas.
Hay un exceso de detalles en la narración de los viajes que hizo Cherterton: saber qué hicieron él y sus acompañantes día por día no siempre resulta relevante. Otro factor que hace algo pesado el libro, al menos para muchos lectores, son los extensos comentarios a los libros que iba publicando Chesterton: tal vez hubiera sido mejor separarlos de los hechos biográficos. Este rasgo, aparte de que da lugar a repeticiones innecesarias, hace ardua y fatigosa la lectura: como decía un crítico inglés, es un gran fallo hacer que Chesterton resulte aburrido. Uno de los aspectos que el libro no toca —pues termina con la muerte del biografiado—, y que sería interesante conocer, es el de las causas del oscurecimiento tan grande que sufrió Chesterton en la opinión pública inglesa. En cualquier caso, el trabajo de Ker es extraordinario y quedan claras las cualidades humanas, intelectuales y artísticas de Chesterton.
Ian Ker. G. K. Chesterton: A Biography (2011), Oxford University Press, edición para kindle, ISBN: 0199601283; ASIN: B0064A4XNK.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Mujeres en desventaja
Por qué duele el amor. Una explicación sociológica, de Eva Illouz, es un análisis de los cambios que se han dado, en los últimos tiempos, «en tres aspectos del yo: la voluntad (cómo queremos algo), el reconocimiento (cómo construimos nuestro sentido del valor propio) y el deseo (qué deseamos y cómo lo deseamos)». Se podría describir también como un intento de «desenmascarar los fundamentos sociales de los pensamientos» para mostrar cómo «el enojo, la frustración y la decepción que con tanta frecuencia resultan inherentes al amor y el matrimonio, en realidad se fundan en ciertas disposiciones sociales y culturales».
Son luminosas las comparaciones con novelas del pasado para indicar de qué forma se ha dado una «Gran Transformación» de lo romántico, que ha modificado tanto la ecología como la arquitectura de las elecciones amorosas, el ambiente social que las orienta y los criterios y la forma en que se toman las decisiones. Así, por ejemplo, analiza lo que llama la «claridad moral» en el comportamiento y en el sufrimiento amoroso de las heroínas de Jane Austen, e indica cómo «los relatos contemporáneos de traición o abandono carecen por completo de esa “claridad moral” y señalan la existencia de una modificación sustancial en la estructura moral de la culpa y de los sentimientos que la acompañan». Intenta comprender las fuerzas sociales que dan forma a la evasividad emocional masculina y habla de cómo el miedo al compromiso, entre los varones sobre todo, tiene hoy proporciones de un ataque de pánico moral, un punto en el que se han dado cambios históricos.
Al final concluye que muchos aspectos de la cultura contemporánea impiden una verdadera experiencia de la pasión amorosa. Hace notar que «la libertad sexual mercantilizada interfiere con la capacidad de hombres y mujeres para forjar vínculos intensos, significativos e integrales, vínculos éstos que nos permiten saber qué clase de persona nos importa y nos preocupa». Apunta que la libertad ha de ser examinada críticamente en todas las esferas y no sólo en una: quien tiene claro que dar culto a la libertad, que una libertad desenfocada, puede causar devastación en el terreno económico, debería plantearse que lo mismo pasa en el terreno amoroso y sexual.
Desde una perspectiva feminista, la suya, indica que se deberían cuestionar el modelo cultural actual y reexaminar «los estados de alienación y distanciamiento que han generado la interacción y la intersección de la libertad sexual con las emociones y la economía». En su opinión ha llegado el momento de «contabilizar las dificultades inmensas que ha generado la matriz cultural que constituye el núcleo de la modernidad», en especial para las mujeres, que han quedado en una clara situación de desventaja estructural o en inferioridad de condiciones emocionales frente a los hombres, y de plantear una ética de las relaciones amorosas que pueda devolver al amor su verdadero significado.
Eva Illouz. Por qué duele el amor. Una explicación sociológica (Why Love Hurts. A Sociological Explanation, 2011). Madrid: Katz, 2012; 364 pp.; serie Ensayos; trad. de María Victoria Rodil; ISBN: 978-84-92946-47-1.
Son luminosas las comparaciones con novelas del pasado para indicar de qué forma se ha dado una «Gran Transformación» de lo romántico, que ha modificado tanto la ecología como la arquitectura de las elecciones amorosas, el ambiente social que las orienta y los criterios y la forma en que se toman las decisiones. Así, por ejemplo, analiza lo que llama la «claridad moral» en el comportamiento y en el sufrimiento amoroso de las heroínas de Jane Austen, e indica cómo «los relatos contemporáneos de traición o abandono carecen por completo de esa “claridad moral” y señalan la existencia de una modificación sustancial en la estructura moral de la culpa y de los sentimientos que la acompañan». Intenta comprender las fuerzas sociales que dan forma a la evasividad emocional masculina y habla de cómo el miedo al compromiso, entre los varones sobre todo, tiene hoy proporciones de un ataque de pánico moral, un punto en el que se han dado cambios históricos.
Al final concluye que muchos aspectos de la cultura contemporánea impiden una verdadera experiencia de la pasión amorosa. Hace notar que «la libertad sexual mercantilizada interfiere con la capacidad de hombres y mujeres para forjar vínculos intensos, significativos e integrales, vínculos éstos que nos permiten saber qué clase de persona nos importa y nos preocupa». Apunta que la libertad ha de ser examinada críticamente en todas las esferas y no sólo en una: quien tiene claro que dar culto a la libertad, que una libertad desenfocada, puede causar devastación en el terreno económico, debería plantearse que lo mismo pasa en el terreno amoroso y sexual.
Desde una perspectiva feminista, la suya, indica que se deberían cuestionar el modelo cultural actual y reexaminar «los estados de alienación y distanciamiento que han generado la interacción y la intersección de la libertad sexual con las emociones y la economía». En su opinión ha llegado el momento de «contabilizar las dificultades inmensas que ha generado la matriz cultural que constituye el núcleo de la modernidad», en especial para las mujeres, que han quedado en una clara situación de desventaja estructural o en inferioridad de condiciones emocionales frente a los hombres, y de plantear una ética de las relaciones amorosas que pueda devolver al amor su verdadero significado.
Eva Illouz. Por qué duele el amor. Una explicación sociológica (Why Love Hurts. A Sociological Explanation, 2011). Madrid: Katz, 2012; 364 pp.; serie Ensayos; trad. de María Victoria Rodil; ISBN: 978-84-92946-47-1.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Un relato de denuncia
Tamango, de Prosper Mérimee, trata sobre un guerrero negro que captura hombres en el interior de África para venderlos como esclavos. El famoso capitán Ledoux, antes de abandonar su oficio, emprende un último viaje a las costas de África para cargar esclavos. Tamango se los suministra y, bebido, en el acuerdo al que llega con Ledoux incluye entregarle también una de sus esposas. Cuando, a la mañana siguiente, se da cuenta de lo que ha hecho, va en busca de Ledoux para reclamarla. El destino cambia entonces para todos.
Escrito en 1829, este es un corto y eficaz relato de denuncia. Ya desde los comienzos de la historia se pone de manifiesto la fuerte ironía del narrador contra el tráfico esclavista y contra las autoridades francesas que lo toleraban. Tienen viveza, tanto las descripciones de la forma en que actuaban los mercaderes como las de la posterior travesía y la rebelión. Las ilustraciones, a veces poco más que siluetas, transmiten bien el tono de la narración y refuerzan su impacto emocional en el lector.
Prosper Mérimee. Tamango (1829). Madrid: Gádir, 2013; 65 pp.; trad. de Elena del Amo; ilust. de Ximena Maier; ISBN: 978-84-941013-9-7.
Escrito en 1829, este es un corto y eficaz relato de denuncia. Ya desde los comienzos de la historia se pone de manifiesto la fuerte ironía del narrador contra el tráfico esclavista y contra las autoridades francesas que lo toleraban. Tienen viveza, tanto las descripciones de la forma en que actuaban los mercaderes como las de la posterior travesía y la rebelión. Las ilustraciones, a veces poco más que siluetas, transmiten bien el tono de la narración y refuerzan su impacto emocional en el lector.
Prosper Mérimee. Tamango (1829). Madrid: Gádir, 2013; 65 pp.; trad. de Elena del Amo; ilust. de Ximena Maier; ISBN: 978-84-941013-9-7.
martes, 24 de septiembre de 2013
Pintar pensamientos
El libro de la selva de Londres, con ilustraciones de Bhaiju Shyam y texto suyo también, aunque con la colaboración de sus editores, es un excelente libro ilustrado que vale la pena conocer.
En la introducción, titulada «De cómo Londres se convirtió en una selva», los editores explican el origen y la confección del libro, junto con algunos rasgos propios del artista, un pintor indio de la comunidad tribal gond. Cuando fue invitado a pasar en Londres dos meses para pintar un lujoso restaurante indio, su primer viaje al extranjero y a Londres, decidió recurrir a los símbolos del bosque, propios de su pueblo, para pintar lo que veía: el autobús urbano como un perro fiel y cordial, el metro de Londres como una gran serpiente subterránea, el Big Ben como un gallo, el símbolo del tiempo en el arte gond: «los símbolos son el rasgo más importante del arte gond; cada uno tiene su historia y su significado. Esta pintura [la del Big Ben] fue la que menos me costó ya que fusiona dos símbolos perfectos».
En el libro se cuentan incidentes de su viaje y estancia en Londres, cronológicamente. Cada tramo de texto se acompaña de una imagen-estampa —que normalmente ocupa una página pero, a veces, ocupa las dos—, que lleva otro título y un breve comentario del pintor, como el que puse arriba. Por ejemplo, cuando narra el viaje desde su ciudad, y pinta un tren, junto con él mismo y unos pájaros, dice: «En esta pintura reflejo el viaje en tren pero como el tren en sí no me interesaba para nada, lo he hecho pequeñito. Así pensamos y pintamos los gonds: a lo importante hay que darle más espacio. No nos interesa la realidad, únicamente cómo se piensan las cosas y nuestras pinturas tratan de mostrar lo que se ve gracias al poder de la imaginación. Por eso soy mucho mayor que el tren y he dibujado mis pensamientos como pájaros que me hacen volar y tiran de mí en muchas direcciones desconocidas».
Bhaiju Shyam. El libro de la selva de Londres (The London Jungle Book, 2004). Texto también de Sirish Rao y Gita Wolf. Madrid: Sexto Piso, 2013; 56 pp.; trad. de Carlos Mayor; ISBN: 978-84-15601-29-6.
En la introducción, titulada «De cómo Londres se convirtió en una selva», los editores explican el origen y la confección del libro, junto con algunos rasgos propios del artista, un pintor indio de la comunidad tribal gond. Cuando fue invitado a pasar en Londres dos meses para pintar un lujoso restaurante indio, su primer viaje al extranjero y a Londres, decidió recurrir a los símbolos del bosque, propios de su pueblo, para pintar lo que veía: el autobús urbano como un perro fiel y cordial, el metro de Londres como una gran serpiente subterránea, el Big Ben como un gallo, el símbolo del tiempo en el arte gond: «los símbolos son el rasgo más importante del arte gond; cada uno tiene su historia y su significado. Esta pintura [la del Big Ben] fue la que menos me costó ya que fusiona dos símbolos perfectos».
En el libro se cuentan incidentes de su viaje y estancia en Londres, cronológicamente. Cada tramo de texto se acompaña de una imagen-estampa —que normalmente ocupa una página pero, a veces, ocupa las dos—, que lleva otro título y un breve comentario del pintor, como el que puse arriba. Por ejemplo, cuando narra el viaje desde su ciudad, y pinta un tren, junto con él mismo y unos pájaros, dice: «En esta pintura reflejo el viaje en tren pero como el tren en sí no me interesaba para nada, lo he hecho pequeñito. Así pensamos y pintamos los gonds: a lo importante hay que darle más espacio. No nos interesa la realidad, únicamente cómo se piensan las cosas y nuestras pinturas tratan de mostrar lo que se ve gracias al poder de la imaginación. Por eso soy mucho mayor que el tren y he dibujado mis pensamientos como pájaros que me hacen volar y tiran de mí en muchas direcciones desconocidas».
Bhaiju Shyam. El libro de la selva de Londres (The London Jungle Book, 2004). Texto también de Sirish Rao y Gita Wolf. Madrid: Sexto Piso, 2013; 56 pp.; trad. de Carlos Mayor; ISBN: 978-84-15601-29-6.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Animales posmodernos
Cartas de todos para todos, de Toon Tellegen, es otra edición, con ilustraciones renovadas, de un libro que se había publicado años atrás con el título Cartas de la ardilla, de la hormiga, del elefante, del oso. Es un librito amable y divertido con escenas de humor que podríamos llamar posmoderno, algunas muy conseguidas.
Una idea brillante
Hay un cocodrilo debajo de mi cama, de Mercer Mayer, es un relato parecido, gráficamente y en contenidos, a Una pesadilla en mi armario, pero con un desenlace mucho más chispeante.
El niño narrador recuerda que antes no podía dormir tranquilo porque había un cocodrilo debajo de su cama, por lo que tenía que tomar muchas precauciones para subir y bajar de su cama, y que, además, ni su padre ni su madre lo sabían e, incluso, no le creían cuando se lo decía. Pero ahora ya no es así: y cuenta cómo tuvo y puso en práctica una idea brillante para expulsar al cocodrilo.
Álbum bedtime gracioso aunque no sea «práctico», pues para quienes tengan un problema parecido al del héroe no será fácil imitarle. Es un buen recurso que la historia la cuente su protagonista como algo que ocurrió antes. Las ilustraciones van o no recuadradas sin un criterio reconocible: todo se apoya en la simpatía del relato y de las imágenes.
Mercer Mayer. Hay un cocodrilo debajo de mi cama (There’s an Alligator under my bed, 1987). Barcelona: Corimbo, 2013; 30 pp.; trad. de Macarena Salas; ISBN: 978-84-8470-476-8.
El niño narrador recuerda que antes no podía dormir tranquilo porque había un cocodrilo debajo de su cama, por lo que tenía que tomar muchas precauciones para subir y bajar de su cama, y que, además, ni su padre ni su madre lo sabían e, incluso, no le creían cuando se lo decía. Pero ahora ya no es así: y cuenta cómo tuvo y puso en práctica una idea brillante para expulsar al cocodrilo.
Álbum bedtime gracioso aunque no sea «práctico», pues para quienes tengan un problema parecido al del héroe no será fácil imitarle. Es un buen recurso que la historia la cuente su protagonista como algo que ocurrió antes. Las ilustraciones van o no recuadradas sin un criterio reconocible: todo se apoya en la simpatía del relato y de las imágenes.
Mercer Mayer. Hay un cocodrilo debajo de mi cama (There’s an Alligator under my bed, 1987). Barcelona: Corimbo, 2013; 30 pp.; trad. de Macarena Salas; ISBN: 978-84-8470-476-8.
domingo, 22 de septiembre de 2013
Atención a lo concreto (1)
Las personas que se suelen llamar «simples», por ser «mentalmente incompletos en algunos aspectos», tienen una cualidad mental que los caracteriza y que comparten con los niños. Dice Oliver Sacks que si la tuviéramos que describir con una sola palabra hablaríamos de «concreción»: «su mundo es vívido, intenso, detallado, pero simple, precisamente porque es concreto: no lo complica, diluye ni unifica la abstracción». Esa concreción, sigue, «se ve como algo negativo, incoherente, pero esto es una “inversión”», pues «lo concreto es elemental, es lo que hace la realidad “real”, viva, personal y significativa». Eso hace que esas personas puedan experimentar la realidad con intensidad elemental y, a veces, abrumadora. «Lo concreto puede abrir puertas, y puede también cerrarlas. Puede constituir una puerta de acceso a la sensibilidad, la imaginación, la profundidad. O puede limitar al posesor (o al poseído) a pormenores intrascendentes. En los "simples" vemos, amplificadas en cierto modo, estas dos posibilidades potenciales». Es decir, continúa, «lo concreto puede llegar a ser también un vehículo de misterio, belleza y profundidad, una vía de acceso a las emociones, a la imaginación, al espíritu…».
Oliver Sacks. «El mundo de los simples», El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (The Man Who Mistook His Wife for a Hat, 1985). Barcelona: Anagrama, 2010, 5ª ed.; 319 pp.; col. Compactos; trad. de José Manuel Álvarez Flórez; ISBN: 978-84-339-7338-2.
Oliver Sacks. «El mundo de los simples», El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (The Man Who Mistook His Wife for a Hat, 1985). Barcelona: Anagrama, 2010, 5ª ed.; 319 pp.; col. Compactos; trad. de José Manuel Álvarez Flórez; ISBN: 978-84-339-7338-2.
sábado, 21 de septiembre de 2013
Dotes para la amistad
Para cualquier lector español que desee conocer la vida de Chesterton la primera recomendación es Chesterton: un escritor para todos los tiempos, de Luis Ignacio Seco. Aunque a la edición que menciono le vendrían bien unas notas donde se indicasen la procedencia de las citas, así como una bibliografía final y un índice de nombres, es un trabajo bien documentado y un relato con ritmo que capta bien la evolución del autor, su carácter, su modo de enfocar los asuntos, la importancia de su esposa siempre, y la de su secretaria Dorothy Collins en los años últimos de su vida.
Se recogen muchas anécdotas y citas famosas y quedan claras las enormes dotes para la amistad de Chesterton. Como ejemplo, esta tarjeta de Navidad que H. G. Wells envió a Chesterton en 1933: «Si después de todo mi Ateología se equivoca y acierta su Teología, creo que siempre podré entrar en el cielo (si lo deseo) como buen amigo de GKC». A la que Chesterton respondió así: «Si resulta que soy yo quien tiene razón, triunfará usted no como amigo mío, sino como amigo del Hombre, por haber hecho miles de cosas para personas como yo con la imaginación y con la crítica».
Luis Ignacio Seco. Chesterton, un escritor para todos los tiempos (1988). Madrid: Palabra, 2005, 2ª ed.; 368 pp.; col. Ayer y hoy de la historia; ISBN: 84-8239-963-2.
Se recogen muchas anécdotas y citas famosas y quedan claras las enormes dotes para la amistad de Chesterton. Como ejemplo, esta tarjeta de Navidad que H. G. Wells envió a Chesterton en 1933: «Si después de todo mi Ateología se equivoca y acierta su Teología, creo que siempre podré entrar en el cielo (si lo deseo) como buen amigo de GKC». A la que Chesterton respondió así: «Si resulta que soy yo quien tiene razón, triunfará usted no como amigo mío, sino como amigo del Hombre, por haber hecho miles de cosas para personas como yo con la imaginación y con la crítica».
Luis Ignacio Seco. Chesterton, un escritor para todos los tiempos (1988). Madrid: Palabra, 2005, 2ª ed.; 368 pp.; col. Ayer y hoy de la historia; ISBN: 84-8239-963-2.
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