sábado, 5 de enero de 2013

Las obras de Dostoievski

En la voz de Dostoievski hay, aparte de un comentario a Crimen y castigo, una mención de una obra de Romano Guardini donde analiza el universo religioso del autor ruso, y un comentario a la monumental biografía que le dedicó Joseph Frank. En una nota titulada Lucha en el corazón del hombre hablo también de un libro que dedicó a su pensamiento el filósofo italiano Luigi Pareyson.

Apoyándome, sobre todo, en los libros de Frank, al que citaré con frecuencia, me propongo, en sábados sucesivos, comentar las obras de Dostoievski por orden cronólogico. En los dos últimos años he ido leyendo las que no conocía y he releído total o parcialmente algunas otras de las que sí tenía notas de lectura para comprobar su excepcional grandeza humana y literaria. He constatado, como ya sabía, que Dostoievski no es siempre fácil de leer. Él mismo reconocía que su vicio literario era la prolijidad, que a veces le faltaban «mesura y armonía», que también en ocasiones intentaba «expresar una idea artística más allá de su capacidad». La verbosidad de algunos personajes, o el detallismo a veces enfermizo con el que se reflejan sus mundos interiores, que responden a la voluntad del autor de perfilar bien los modos de ser personales y de dar a cada uno su propia voz, puede producir cansancio al lector.

Pero conviene advertir que, al escribir así, lo hacía debido a lo que ya Mijail Bajtín advirtió: «Su manera de desarrollar el pensamiento es siempre igual: lo hace dialógicamente, pero no mediante un seco diálogo lógico, sino mediante la confrontación de voces íntegras y profundamente idealizadas. Incluso en sus artículos polémicos, Dostoievski en realidad no busca convencer, sino que orquesta voces, conjuga orientaciones de sentido, en la mayoría de los casos por medio de un cierto diálogo imaginado». Es decir, sigue Frank, fuese como novelista o como editor, Dostoievski nunca se inclinó a discutir en abstracto o conceptualmente y siempre prefería contraponer una imagen dramática a otra, y también por eso sigue siendo actual hoy. Una importante consecuencia de lo anterior es que Dostoievski nos hace comprender mejor a las personas, a todas las personas, a las más humildes y a las más abyectas. Otra es que su obra dura y durará siempre.